Aburrido en Yugoslavia

Suponte que eres un adolescente aburrido. Y además vives en Yugoslavia. Tu equipo se ha clasificado para el Mundial, bueno, vale, y qué. Y tienes una conexión internet. Y quieres probar al mundo lo que vales.

Pues nada, ancha es la Internet. Búscate un ordenador... digamos en España. Hazte con sus claves, y monta allí un canal de IRC para los colegas. Tu colega el hacker de California, el repartidor de leche alemán, y lo de Singapur que todavía no tienes muy claro si es niño o niña.

Y ahora, suponte que eres webmaster de un ordenador... digamos en España. Y que un buen día, cuando vas a trabajar en tus páginas web, al conectarte, el ordenador te dice que la última vez que te has conectado es a las una de la mañana (cuando tú, y cualquier persona con posible acceso a ese ordenador, estará durmiendo, y el sitio donde está el ordenador cerrado). Bueno, a lo mejor uno de tus colegas ha estado trabajando hasta esa hora. Dudoso, pero vale. Luego encuentras que dos procesos que se tenían que haber lanzado a las cinco de la mañana, no se han lanzado. Al rato, que a la lista de tareas que se lanzan periódicamente, le han añadido una más que se lanza cada diez minutos. Y que hay un programa, aparentemente inocuo, pero que en vez de estarse ejecutando por el sistema se está ejecutando por tu propio usuario, o séase, por tú mismo.

Cuando consultas la lista de los comandos ejecutados últimamente, te das cuenta de que alguien se ha metido en tu ordenador. Que tiene tu clave, y posiblemente la del superusuario, o sea que puede hacer cualquier cosa con el sistema, hasta formatear el disco duro si quiere. Y te das cuenta también de que otro proceso del sistema, aparentemente inocuo, está registrando todos los que se conectan en el ordenador y guardando sus claves en un fichero. ˇMecachis! Sólo te has conectado tú mismo, o sea que sólo está tu clave, bueno, las dos, la que tenías y la que has cambiado en cuanto que has sospechado algo. O sea, que no has podido pillar las claves de los demás.

Pero el pirata, o tecnopillo, o como quieras llamarlo, no ha tomado control total del sistema, y en los ficheros de registro del sistema detectas desde donde se ha conectado y a qué hora. Y trazas la ruta que ha seguido, y ves que va saliendo de Andalucía, de España, pasa por Amsterdam y... llega a Yugoslavia.

Al final, claro está, proteges el ordenador todo lo que puedes, y agradeces al pirata que, por lo menos, no ha hecho nada dañino. Y le adviertes a tus amigos administradores: ˇcuidado! ˇTe puede pasar a ti!

La historia de Kevin Mitnick
żY si estás aburrido en Argentina?