Aburrido en Argentina

Suponte que eres un estudiante universitario, en Argentina, y estás aburrido. Pero aburrido, aburrido. Y, teniendo una conexión internet en tu casa, decides meterte en un ordenador... digamos en los USA. Y por qué no, en la Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachussets.

Ahora suponte que eres un administrador del sistema, digamos en el MIT. Y trincas a un cracker argentino. Y coges y se lo dices al FBI.

No, no es una repetición de la semana anterior (estuvisteis ahí, ¿no?). El cinco de diciembre, Julio César Ardita, un ciudadano argentino, se declaró culpable de dos acusaciones en el tribunal del distrito de Boston: intercepción de comunicaciones en un ordenador del gobierno (uno con la extensión .mil), y por la transmisión de un programa para borrar los ficheros de registro del sistema de otro ordenador, también militar. Fue sentenciado a cinco mil dólares de multa y a 3 años de libertad vigilada. Lo más curioso de todo es que Julio César nunca salió de Argentina, que no podía ser extraditado porque los tratados bilaterales no incluían tal acusación, pero que aún así, irá a Estados Unidos voluntariamente a cumplir su condena.

¿Qué fue lo que hizo este muchacho? Pues, usando como mote gritón, se introdujo primero en el ordenador susodicho, y de ahí se metió en ordenadores de 6 paises y diferentes universidades americanas, aparte de muchos ordenadores en todos los Estados Unidos. Para conseguirlo, puso un olfateador en un ordenador de Harvard, y empezó a capturar claves y nombres de usuario a troche y moche.

Mas hete aquí que tanto el FBI como el Servicio de Investigación Militar de la marina estaban al acecho. Usaron una orden judicial para registrar la actividad de todos los ordenadores de Harvard, hasta que encontraron al hacker. De ahí pasó al tribunal del distrito, que emitió una orden de arresto. Claro, no iba a mandar a los marines, al menos esta vez. Y el caso llegó a las más altas esferas, incluyendo declaraciones de la Fiscal General, Janet Reno. Y al final prevaleció la justicia y el modo de vida americano. Creo.

Ahora, supón que eres un administrador de un ordenador, pongamos el del festival de cine de San Sebastián. Y te cambian la página principal, dejándola irreconocible, y de ahí se meten en los ordenadores del ayuntamiento de Santurce, del Congreso de los Diputados, y el del brigada Arensibia de Cerro Muriano. ¿Qué ocurre? ¿Lo denuncias al CESID? ¿A la policía municipal? Supongo que aquí todavía queda un vacío legislativo con respecto al asunto, por no mencionar una cierta falta de formación de los cuerpos de seguridad nacionales.

En fin, opino yo que ni tanto, ni tan calvo, ¿no?.

Aburrido en Yugoslavia