Agujeros negros de telecomunicaciones

Cuando una sociedad llega a un determinado grado de desarrollo, con teléfonos, faxes, internet, satélite y demás, puede suceder que la densidad de telecomunicaciones sea tan grande, que se provoquen agujeros negros, igual que les sucede a las estrellas muy, muy densas. En el caso de los agujeros negros, digamos, cósmicos, incluso se ha postulado que pueden estar conectados con otra parte del universo (son los denominados agujeros de gusano), y que incluso se podrían usar para viajar de un lado a otro a velocidades mayores que la luz.

Pues bien, esos mismos agujeros negros suceden ya, aquí y ahora, en las telecomunicaciones mundiales. Y tengo la prueba. Hay días que, en mi despacho, recibo varias llamadas preguntando por Mari Carmen, por Pilar, o incluso por Enrique. A veces, las llamadas se repiten, preguntan varias veces por la misma persona. También sucede en mi casa a veces. Lo que las hace notables es que se acumulan en el tiempo, por ejemplo, tres o cuatro llamadas la misma mañana, lo que demuestra la existencia del agujero negro, mientras que otras mañanas, nadie llama.

Algunas veces, en esas llamadas recibo mensajes cósmicos, prueba de que los que hay al otro lado del aparato han alcanzado un nivel superior de desarrollo. Por ejemplo ¿Quién eres?, que me estimula a pensar en lo que fui, he sido y lo que seré. O mensajes de ultratumba Silviaaaaaa. O a veces son desesperadas peticiones de ayuda: Oye, que la red no funciona, a ver cuando coño la arregláis.
El mismo fenómeno ha sido también observado por otros investigadores. Por ejemplo, Stephen Wozniak, el otro creador de Apple, tiene como una de sus aficiones coleccionar números de teléfono. Cuando consiguió el 8888888 (con prefijo nosecuántos si llama desde fuera de California) observó que recibía decenas, incluso cientos de llamadas al día. Y que nunca se oía nada en el otro lado.

Hasta que un día, oyó el equivalente americano de Niño! Cuelga ya el teléfono, joé. Y se dio cuenta de que los tiernos infantes se entrenaban en el uso de las telecomunicaciones descolgando el teléfono y pulsando una y otra vez una tecla. El 8. ¡Pero el 8 es el símbolo del infinito, puesto de pie! ¿Querrían, en realidad, los bebés, inconscientemente, en algo heredado genéticamente, comunicarse con el Universo todo? La respuesta, ya sabéis, es 46.