los que tienen y los que no

El otro día vi una de las innumerables obras que perforan la ciudad de Granada cerca de mi calle, y cual no sería mi sorpresa y alborozo cuando comprobé que se trataba de Supercable, que estaba tendiendo el cable al ladito mismo de mi casa.

También significa que dentro de poco podré disfrutar de 128 o 256 kbytes/s de acceso a Internet, con tarifa plana y no demasiado cara (unas 4000 pelas, o 7000 para 256), y si quiero, teléfono y todo lo demás. Por eso me alegré, y supongo que también lo harán muchos negocios que dependen de tener un buen acceso a Internet: estudios de arquitectura, traductores, gente que haga animaciones 3D, gente que trabaje en multimedia, en fin todos aquellos que trabajen con información y que necesiten mandarla, rápidamente, de aquí para allá.

El problema es que lo que yo, y otros muchos en las capitales andaluzas, estamos viendo, no lo van a ver gente que viva en ciertos barrios, o en ciertos pueblos. Seguro que el cable, u otros métodos de acceso a alta velocidad como ADSL, no van a llegar a Bérchules, Algarinejo o a Corteconcepción. Con lo cual, los profesionales que vivan allí tendrán que conformarse con los módem de toda la vida, la RDSI, menos velocidad, y por supuesto, nada de tarifa plana.

Y todo esto es por una razón muy simple: los que ponen el cable son una empresa privada, y no tienen ninguna obligación de dar acceso a todo el mundo. Darán acceso en donde prevean que van a tener mucha clientela, y además clientela que va a usar todos sus servicios. Donde no vean esa posibilidad, llegarán más tarde, o finalmente no llegarán nunca. Telefónica, mal que nos pese, tenía como monopolio esa obligación, y por eso la Infovía y la Infovía plus, más o menos, llegan a todo el mundo.

En resumen, un ancho de banda apropiado a precio asequible es esencial para el desarrollo de una ciudad o de un barrio; dejarlo sin ello, es dejar ese barrio o ciudad sin cierto tipo de negocios, que son los que menos contaminan y más valor añadido crean. Por eso, el estado, la autonomía, los ayuntamientos, o a quien correspondan, deberían tener todo esto en cuenta y subvencionar la instalación de servicios de telecomunicaciones rápidos, porque si no, definitivamente, se quedarán atrás. Será como el pueblo al que todavía se accede por camino de tierra.