los billares

En mi mi pueblo a los garitos de juegos mecánicos primero, y electrónicos después, se les llamaba billares o futbolines, pues de ambas cosas tenían. Los más célebres, al menos en el centro, eran los del grasoso, donde prácticamente no llegó a entrar nada que necesitara unos cuantos voltios, y que tenían una probablemente merecida mala fama, y los billares Elis, que probablemente existan todavía, que no tardó en adoptar las nuevas tecnologías en cuanto que estuvieron disponibles. Allí vimos los primeros meteoritos, el fénix, los marcianitos esos que hacían pi-po y que iban bajando inexorablemente hasta que destruían nuestros almacenes y de camino nuestra láser

Por alguna razón, todos estos sitios tenían mala fama. Aparte de porque allí se fumaba, supongo que porque eran sitios donde uno iba cuando faltaba a clase (o en los recreos), y más de uno salió de allí con un par de hostias, bien de su padre que se lo encontró cuando pasaba, bien de un par de macarras que querían quitarle la partida que estaba jugando. En fin, antros de perdición.

Quizás acaben teniendo la misma fama los ciberbillares que están surgiendo últimamente. No me atrevo a llamarlos cibercafés, pues tienen poco de eso: una máquina de Coca-Colas en una esquina, si acaso. Y no creo que tengan mala fama, porque si uno echa un vistazo, parece que está en clase de algo, más que en un antro de perversión. Filas de ordenadores bien iluminadas, y chavales y chavalas enfrente de la pantalla del ordenador, bien concentrados. Si uno escucha un poco más, se oyen explosiones, gritos y otros sonidos menos identificables, igual que en los billares tradicionales, pero, en todo caso, no parece un sitio poco recomendable. Y es que en estos sitios, aparte de masacres Doom, Quake y Unreal variadas, también hay yonquis del IRC, y los que tienen que buscar algo en Internet para acabar un trabajo de clase. O sea, una paradójica mezcla entre sala de juegos y biblioteca. O quizás nunca hubo ninguna diferencia.

Por eso también, hoy en día hay muchos más ciberbillares que billares. Y hay muchos: casi uno en cada manzana; a menos de 300 metros de mi casa hay 5. A lo mejor, a todo ello también ha contribuido el poco coste de un ciberbillar, comparado con las máquinas de videojuegos tradicionales (que son cada vez menos "tradicionales": pantallas de gran formato, dispositivos casi de realidad virtual), y el menor coste de mantenimiento: los ordenadores no usan demasiada corriente, los costes de Internet tampoco son altos, y a 200-400 pelas la hora, se amortizan rápido.

No sé si al final habrá que decirle a los chaveas, en vez del tradicional "A los billares ni te acerques", "Acércate a los ciberbillares, a ver si aprendes algo".