La casa del futuro

Nada más salir de tu casa, el sistema de control doméstico detecta que no hay nadie, apaga todas las luces, para ahorrar energía, enciende la lavadora y activa el sistema de alarma central. Mientras vas en el coche decides finalmente qué vas a cenar, unos espaguetis a la carbonara: tecleas el código de tu casa en el teléfono del coche, para ver qué te falta en el frigorífico; el sistema de control doméstico conecta con el frigorífico, que te dice qué hay y consultando en su base de datos la receta de los espaguetis, comprueba que no hay bacon. Dejas un mensaje en el ordenador del coche, para que, a la vuelta, recuerde lo que tienes que comprar.

Todo esto es muy bonito. Lo que pasa es que es mentira. En realidad, tal y como va la tecnología, la cosa sería más o menos así:.

Sales de tu casa. En ese preciso momento suena la alarma de intrusos y se encienden todas las luces, y se cierran automáticamente todas las puertas y ventanas. A la vez, se conecta el riego por aspersión y te pones perdido. Y no puedes entrar en tu casa a desconectarlo, porque no recuerdas el código de desconexión, y el mando a distancia se ha quedado sin pilas. Cuando finalmente, con ayuda de una palanqueta, consigues entrar, no puedes desconectarlo tampoco, porque se ha quedado colgado el sistema. Rearrancas todo el sistema,  pero el frigorífico se niega a arrancar. Te conectas a Internet para entrar en algún chat donde haya alguien que te resuelva el problema, pero va tan lenta que sólo recibes cuatro palabras en 20 minutos; además, en ese momento en el chat parecen interesados en hablar sólo de pelucas e implantes pectorales.

Y esto viene a cuento de que últimamente se está poniendo de moda hablar de redes domésticas, del estándar X10, y de programas que permiten que los electrodomésticos se entiendan unos con otros, tales como Jini, de Sun.Todo ello está muy bien, y probablemente ocupen un nicho de mercado importante, pero es muy difícil que se generalicen, por varias razones:

En resumen, mientras que no haya sistemas domésticos a prueba de fallos, a prueba de ignorantes, y que se entiendan contigo como lo haría un conductor de autobús, es construir castillos en el aire. Todo muy bonito, pero estará sólo al alcance de una minoría.

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