Crisis de identidad

Alguien ha dicho, o mejor, muchos han dicho muchas veces, En la Internet, nadie sabe que eres un perro. Es decir, en muchos casos, sea lo que uno sea en la vida, puede crear una nueva persona, o, porqué no, muchas personas, muchas identidades. En una mazmorra multiusuario, o en un canal de chat, se puede convertir en un brujo, un elfo, y, porqué no, en una princesa de gorro de cucurucho. Sólo la imaginación es el límite a lo que se puede ser en la Internet.

De la misma forma, una empresa con tres empleados puede convertirse en la librería que más vende en la internet (Amazon), y una multinacional, sin una estrategia de Internet adecuada, puede tener menos imagen que el supercien de la esquina. La Internet es tan tremendamente grande, que para muchos es un mundo, y la imagen que uno tiene en ese mundo es lo que uno es en ese mundo.

Algunos sociólogos, como Sherry Turkle, han estudiado los retos que plantean estas personalidades múltiples. Para ella, el lenguaje crea el mundo, la Internet está creada por el lenguaje, o más bien, por muchos lenguajes, y esos lenguajes nos permiten crear, y ser, muchas personas diferentes cuando nos metemos en ese mundo. Esas personas, limitadas y a la vez liberadas por el lenguaje, pueden ser extrovertidas mientras nosotros somos tímidos, viajeros cuando no hemos salido de casa, o grandes aventureros mientras nosotros somos simples retirados con el ordenador de nuestro nieto. Y si llevamos el símil más allá, ¿se nos puede culpar por lo que nuestro avatar cibernético haga?

En cualquier caso, y fuera de filosofías, lo que sí es cierto es que nuestra personalidad la definen nuestras aficiones, e incluso nuestras manías. Y el encontrar alguien en Singapur o en Guatemala que las comparta puede reforzar estas personalidades. Nunca ha tenido más expansión el mundo de los semanasanteros (también llamados capillitas) como ahora, que en un rato pueden intercambiar experiencias con nazarenos de San Salvador, cofrades de Chicago y priostes de Marsella.

Y nada puede ser peor que, una vez forjada una o varias personalidades en la internet, alguien las falsifique, como le han sucedido a muchos columnistas de diarios americanos, que han visto su buzón inundado de cartas insultantes respondiendo a algo que uno no ha hecho.

Aunque lo cierto es que todas estas cosas podían haber sucedido anteriormente con medios de comunicación como el correo, la radio de los radioaficionados y el correo, el que la Internet sea un medio de comunicación tan barato, fiable y rápido lo ha multiplicado por cien.

Lo cual nos lleva otra vez al principio, a replantearnos qué es la identidad, el yo. Philip K. Dick se lo planteó en muchos de sus cuentos y novelas. Si la identidad está definida por los recuerdos, ¿qué sucederá cuando esos recuerdos se puedan insertar y modificar con facilidad, como sucede en Desafío Total y Blade Runner, ambos basados en cuentos de Philip K. Dick?

Pues dado que existe la Internet y los ordenadores, la respuesta es fácil: echamos mano de la copia de seguridad.