Cuestión de dominio

Lo de tener solo una dirección de correo electrónico ya está bastante pasado. Caray, la tiene hasta el supercien de la esquina. Y tener una página web personal, para qué te voy a decir. Mi vecino, que está en segundo de ESO, tiene una chulísima. Ahora, lo que de verdad vacila, es tener uno su propio dominio internet. Eso sí que está destinado sólo a los elegidos.

Pero, ¿qué es eso del dominio? Pues lo que está a la derecha de la @, por ejemplo, arrakis.es o nasa.gov. El dominio de primer orden sería lo que está a la derecha del último punto; el de segundo orden a la derecha del penúltimo punto, y así sucesivamente. Entonces ¿Porqué no adquirir el dominio primi.es, o el jj.com, o algo por el estilo?

Lo cierto es que no es demasiado difícil. Registrar un dominio es cuestión simplemente de elegir cuál va a ser el dominio de primer orden que uno quiere (por ejemplo, el .com, o el .es), mirar si el nombre está ya registrado, y pagar, claro. Viene a costar unas diez o doce mil pelas al año.

Y puestos a elegir, ¿de dónde se puede elegir? Pues de cualquier sitio. El dominio de primer orden no está ligado a ningún país en particular; un dominio .es puede pertenecer a un ordenador en Pakistán, y un .com a uno en Chauchina.

Por ejemplo, se puede elegir un nombre de dominio de Tonga, que acaban en .to. Dado que ya hay cientos de miles de .com, y que el espacio de nombres empieza a estar un poco saturado, un espabilado tuvo la idea de comercializar nombres de dominios de paises donde no van a hacer mucha falta, como Tonga, que para quien no lo sepa, es una grupo de islas del Pacífico de unos cien mil habitantes, capital Nuku’alofa que ha decidido comercializar nombres de dominio a través de su consulado en San Francisco, al ladito del Silicon Valley. Por eso no os extrañe ver direcciones que acaben en .to próximamente, porque estos dominios son baratos, rápidos de conseguir´, y lo que es más importante, vacilan y distinguen el nombre de un negocio de la competencia. Además, no es necesario pagarlos en pa’angas, la moneda local, sino que basta con pagarlos en dólares; eso sí, no se pueden usar como nombres de dominio palabras malsonantes, porque en ese país son muy religiosos y si tratas de ver si algún nombre malsonante está registrado no solamente no te deja, sino que además te regaña.

Aunque tampoco hay que irse tan lejos; el mismo Gibraltar está comercializando nombres de dominio que acaban en .gi a precio de saldo; aunque .gi no significa nada, salvo claro está, para los de Guipúzcoa, que son las iniciales en vasco de la provincia; y de hecho ya se están viendo negocios allí que compran los dominios en Gibraltar, porque eso de .es ya sabemos que a algunos les da repeluz.

Así que aquí en Andalucía, podíamos hacer lo mismo. Los de Granada podíamos registrarlos en Grecia (.gr), los de Málaga en Marruecos (.ma), los de Sevilla en Suecia (.se), Huelva en Hungría (.hu), Córdoba en Colombia (.co), Cádiz en Canadá (.ca), y Jaén y Almería... no lo sé seguro, pero seguro que hay alguna isla del Pacífico, el Alto Volta o Albania o vaya usté a saber. Y si no, se inventa un nuevo nombre de dominio de primer orden. ¿Qué cómo se hace eso? Pues es algo más complicado, y tendrá que esperar a la siguiente Atalaya.

Así que propongo a todos los navegantes que, si tienen una novia o novio internauta, que le regalen para el próximo santo/cumpleaños o día de los enamorados, su propio nombre de dominio, al menos durante un año. El resto de los años, que se lo pague él o ella, o ya se verá. Pero ya veréis lo que les gusta tener una dirección que sea yo@ernes.to, o amoami@ma.ma, o el@pe.pe (del Perú).

El nombre de la máquina