Más Madera, es la guerra

A estas alturas del cuento, la imagen es ya bastante familiar: gobierno chinga a otro gobierno, o a la propia gente de su propio país, de alguna manera particular, y los hackers se lanzan al ataque ensuciando sitios web de ese país que ataca, del que defiende, o de cualquier país que pasaba por allí y que no tenía la página web demasiado protegida. A eso lo llaman ciberguerra.

La verdad es que, visto así, no está tan mal. Si en vez de mandar bombarderos y misiles crucero, o pobres muchachos con bombas atadas al torso, se sustituye eso por unos cuantos administradores de sistema que tienen que pasar unas cuantas noches recuperando sitios web de copias de seguridad, pues vale, pues muy bien, me apunto a la ciberguerra, que, por lo pronto, está resultando bastante inofensiva, casi el equivalente a las guerras de antes cuando se mandaban los bombarderos con panfletos para sublevar a los moradores de un país invadido o que se pretendía invadir.

Pero claro, esto son solamente los primeros tiros de la ciberguerra que nos espera, o la que quizás ya se ha llevado a cabo. Casi todos hemos oido la célebre historia del virus en la impresora iraquí (que en realidad era una broma del día de los inocentes) o de la puerta trasera que permite a la NSA (National Security Agency, una agencia espía más espía que la CIA) meterse en todas las máquinas Windows (que no estoy tampoco muy seguro de que sea cierta). En realidad, los gobiernos de todo el mundo están empezando a prepararse para la ciberguerra, o al menos empezando a pensar que tienen que empezar a prepararse. Lo que ocurre es que no tienen ni idea de por dónde empezar. Se imaginan al sargento Arensibia diciendo "A vé: ¡instrusión de orden serrao con las Nintendo ar hombro!".

Es probable que, en el futuro, se realicen ataques a través de la red dedicados a destruir la infraestructura de comunicaciones de un país, como en la novela Distraction, China declara la guerra a Estados Unidos, y la gana, poniendo todos los contenidos en inglés gratuitamente en la red, de forma que los pilares de la industria americana, Hollywood, las discográficas, las editoriales, y las productoras de software, se van todas al carajo. Algo que es poco probable que suceda (siempre habrá gente que quiera pagar por contenidos), pero, que, por otro lado, es bastante plausible, aun sin la ayuda de China.

Con todo esto, no es de extrañar que cuando el chavea se tire las horas muertas delante de la Playstation y le pregunten que qué hace, conteste "Estoy haciendo la mili".