el ordenador invisible

En el pasado, la moda tecnológica eran los motores. Los motores a vapor eran demasiado aparatosos (tal como se ve la película Wild Wild West), pero cuando empezó a llegar la electricidad a las casas, se empezaron a vender motores eléctricos; que eran aparatosos, pero que cualquiera podía tener en el garage. ¿Qué podía hacer uno con esos motores? Pues conectarlos a una serie de aparatos externos, tal como un mecanismo que hacía que una mecedora se moviera, o incluso enchufarlo al aparato que batía la mantequilla, Los motores tuvieron muchos aficionados, y revistas tales como "Popular mechanics" publicaba artículos sobre cómo sacarle partido a los motores y qué hacer con ellos.

En ese estado estamos ahora mismo con los ordenadores. Los ordenadores se usan por sí mismos, y tienen otros periféricos que los ayudan a hacer una serie de cosas: digitalizar imágenes, conectarse a Internet, almacenar videos. Sin embargo, los motores fueron desapareciendo poco a poco: hay motores dentro de los secadores de pelo, dentro de los coches, por supuesto, dentro de los relojes, dentro de los radiocasetes, cada vez más pequeños y cada vez más. Si uno se pone a contar la cantidad de motores que tiene en casa, probablemente tenga decenas e incluso cientos. Todo esto que estoy contando, que parece un infomercial de Troy McClure, viene a cuento de la iniciativa sobre el ordenador invisible, que hace poco ha convocado la comunidad europea. Se trata precisamente de meter microprocesadores en muchos elementos domésticos, para cambiar su función, hacerlos más inteligentes, poder comunicarse unos con otros, y, finalmente, hacerlos más útiles y fáciles de usar.

Ya existe de hecho esa tendencia. Montones de chismes que, al mirarlos, no se nos podría ocurrir que son ordenadores, en realidad lo son. No hace tantos años que para sintetizar música hacía falta un microprocesador y un programa; hoy en día te compras un chisme a pilas en un super100 que tiene un sintetizador de música; lo mismo con los sintetizadores de voz: no hay GIJoe o muñecajo de las guerra de las galaxias que no lo tenga; hay microprocesadores en los videos, en los microondas, incluso en algunos aparatos de aire acondicionado.

La cosa sólo puede ir a peor: microprocesadores en los zapatos (o en los cordones de los zapatos), en los pañales de los bebés, en las macetas (para medir la insolación y la humedad de la tierra), y todos ellos unidos por una red inalámbrica tipo BlueTooth, todos hablando con todos y mandando mensajes a nuestro ordenador principal de casa, que igual es un reloj de muñeca.

¿Todo esto puede servir para mejorar nuestras vidas? Pues sí y no: sí para quien pueda permitírselo, y quien no pueda, pues igual también, porque creará cientos de posibles oportunidades de negocio, con sólo pensar un poco para darle utilidad a un sensor, un microprocesador y un emisor de radio. Pero si la revista "tecnológica" del siglo pasado y principios de siglo fue "Mecánica Popular", las de este fin de siglo las revistas de ordenadores, ¿cuál será la del siglo que viene? ¿Biotecnología para todos?

La casa del futuro puede no ser lo que parece.
Chismes conectados en un futuro próximo.
Esperemos que el nuevo milenio no esté saturado de tecnología de usar y tirar