el milagro de la comunicación

Algunas veces se considera la tecnología como algo frío, algo que, incluso, nos deshumaniza. Sin embargo, creo que en el caso de las comunicaciones, la tecnología nos ha humanizado, y ha hecho muy fácil algo tan humano como mantenerse en contacto con la gente que más quieres.

La primera vez que salí al extranjero tenía 14 años, allá por el año 80 o así. Fui a Bélgica, y durante los más de 20 días que estuve allí, no pude llamar ni una vez por teléfono; mandaba cartas y postales, pero sin esperar a que me contestaran, porque entre la ida y la vuelta pasaban semanas. No es que no hubiera teléfonos entonces, sino que, con el presupuesto que a uno le daban para el viaje, no le llegaba para decir ni hola. En algunos casos, como una vez desde Polonia, no pude llamar porque el tiempo de espera para una conferencia internacional era más de 10 horas.

Unos años más tarde, fui al Reino Unido. La cosa mejoró: pude llamar una vez desde una cabina, pero me resultó tan caro que no volví a hacerlo, y seguí a base de cartas. Poco a poco, en sucesivas salidas, el presupuesto para llamadas fue bajando (o subiendo, según lo que uno hablara). Sin embargo, en este viaje a China, nada ha sido más fácil que llamar a casa.

Para empezar, están los clásicos locutorios. Lo interesante de esto no es el hecho de poder llamar, sino que no resulta excesivamente caro. Bueno, 300 pesetas el minuto no se puede decir que sea barato, pero, para el caso, tampoco lo son las 60 pesetas por minuto de uso de Internet que cobran en un chiringuito del aeropuerto de Pekín. O las 200 pelas que te clavan si se te ocurre llamar aquí en España desde un móvil de tarjeta antes de las 4 de la tarde.

Pero la cosa no queda ahí. Puedes usar servicios tipo "España directo", que, a través de un número gratuito, te conectan directamente con una operadora de Telefónica, y puedes llamar a cobro revertido. O, si tienes la tarjeta de Telefónica, puedes cargarlo directamente a la tarjeta. Pero ya que se habla de tarjetas, puedes comprar una tarjeta de Callback, que, llamando a ciertos números americanos, te llaman a tí (de ahí lo de callback) y desde ahí puedes conectar a cualquier parte del mundo por muy poco dinero, quizás menos de 100 pesetas el minuto.

Pero lo que realmente representa para mí un milagro es que me llevé mi propio móvil MoviStar, lo conecté, e inmediatamente apareció en la pantalla CT-GSM (el servicio GSM de China Telecom), y, mandando un mensaje al número de teléfono que quería llamar, inmediatamente me conectaban con él. A 300 pelas el minuto, pero ¿y la comodidad de tener tu propio móvil y poder llamar desde cualquier parte del mundo? Y ni siquiera era en Pekín, sino en una provincia.

En fin, que hoy en día poder comunicarte cuando quieras, como quieras, donde quieras, es ya un hecho al alcance de cualquiera (que pueda gastarse nueve mil pelas en un móvil con diez mil pelas en llamadas); y lo único que queda pendiente es que se pueda hacer por menos dinero.