¿Quién teme al monopolio feroz?

En 1877, Alexander Graham Bell, tras inventar un chisme llamado teléfono, creó la primera compañía telefónica, la Bell Telephone Company, que lugo, conservando la campana (Bell) como insignia, se convirtió en la American Telephone and Telegraph. La compañía creció y creció, porque cada vez que un americano descolgaba un teléfono, ya estaba AT&T ganando dinero; tanto cuando llamaba a la casa portátil de enfrente, como cuando llamaba desde San Francisco a Honolulú (o a Pernambuco).

En 1983, se creó otra compañía telefónica de larga distancia, es decir, para llamar entre estados o fuera de los Estados Unidos, la MCI (actualmente parte del consorcio MCI-WorldCom). AT&T, como es natural, trató de hacerle la vida imposible a MCI, sobre todo aprovechándose de su dominio del "bucle local", es decir, de las llamadas telefónicas locales. Así que MCI denunció a la AT&T. MCI ganó, y a AT&T le aplicaron la denominada Ley Antitrust de Sherman, en virtud de la cual fue obligada a convertirse en una compañia de larga distancia (que se sigue llamando AT&T) y otras compañías "locales" (que se denominaron las Baby Bells), tales como PacBell, que actúa en la zona de California.

En 1983 se le intentó aplicar la misma ley a IBM, pero no se consiguió nada. Y en 1998, o séase, hace un par de años, se empezó a intentar aplicar la misma ley a Microsoft. Bill Gates, a principios de los 80, compró a la compañía Seattle Computer Products un sistema operativo llamado QDOS, lo rebautizó MSDOS y se puso a venderlo. A partir de su control del sistema operativo, primero MSDOS y posteriormente Windows, usado por un 90% de los ordenadores personales, logró controlar el mercado del software (actualmente posee el 80% del mercado), y vende 10 veces más que su inmediato competidor, que en aquella época era Lotus (actualmente forma parte de IBM).

¿Cómo consiguió esto? Hombre, principalmente haciendo programas para que la gente los comprara. Pero también obligó a los fabricantes que incluían Windows en sus ordenadores a pagar para incluir el Office, incluso si no había copias de Ofrfice instaladas en los ordenadores; simplemente, pagaban por unidad de ordenador vendida. Así acabaron con WordPerfect, que dominaba el mercado de los procesadores de texto (a pesar de ser Word un producto peor); y con Lotus, que comercializaba Lotus 1-2-3, una hoja de cálculo mejor que el Excel. O pagando un millón de dólares a los mejores ingenieros de las compañías contrarias, para que se pasaran a Microsoft, incluso aunque luego no hicieran nada dentro de la compañía. Así consiguieron vencer a Borland, que dominaba el mercado de los compiladores. Borland fue comprada por Inprise, compañía en la cual, además, tiene participación Microsoft. Y si todo fallaba, compraban directamente la compañía, como compraron Fox software, que fabricaba una base de datos bastante mejor que el Access. Con todo esto, Microsoft ha conseguido ser la compañía que fabrica el producto informático más vendido prácticamente en todos los segmentos del mercado.

Pero Bill no está contento. Quiere más. Quiere controlar los navegadores, la puerta de entrada a la Internet. Veremos a ver si lo consigue. Por ahora no le va mal del todo: ya tiene más de el 50% de ese segmento de mercado. Mientras tanto, nosotros podemos poer nuestro granito de arena en esta guerra, apoyando al débil, boicoteando al fuerte. Usemos el netscape, el Opera, o el HotJava de Sun, o cualquier otro navegador que haya por ahí, como el Lynx. Pasemos de Windows y abracemos Linux. Las guerras no solamente se luchan en el campo de batalla, en este caso el Tribunal Supremo americano, sino también en los corazones y las mentes de cada uno de nosotros.

Tema: Guerra de los navegadores