música por la gorra

Vamos a ver, empecemos por el principio. La música siempre ha sido de gorra. Aunque el que escribió "Cumpleaños feliz" al parecer se forró, él y sus descendientes, los músicos, aunque siempre han recibido compensación por su trabajo, también han tenido que sufrir, o disfrutar, de que su música se reproduzca sin que cobren un duro por ello. Antes de la existencia de la industria discográfica, la forma de reproducir la música era mediante partituras, que se vendían, en algunos casos muy bien; pero también se copiaban a mano, y se tocaban, sin que el autor pudiera hacer nada por ello. Antes aún, la música formaba parte de la tradición de un pueblo, o de un país, y a nadie se le ocurría cobrar nada por haber sido el autor de la misma, muchas veces porque ni siquiera se conoce el autor. Y eso ocurre todavía hoy en día: la mayor parte de los cantantes flamencos no han grabado nunca, y viven simplemente de lo que reciben cuando tocan en directo.

Pero bueno, tampoco hay que irse tan lejos. En la época del vinilo y los magnetofones, bastaba con que alguien de la pandilla, o su hermano mayor, se comprara un elepé, para que todo el mundo lo tuviera, grabándolo de disco a cinta, y luego de cinta a cinta. En fin, ya hemos hablado de esto en una Atalaya anterior, y no vamos a insistir más sobre el tema. En resumen, es sorprendente que la gente, sobre todo las discográficas, se rasguen las vestiduras con la existencia del pirateo de música.

Se puede argumentar que ahora la situación ha explotado. Con cosas como el Napster, Gnutella, y FreeNet, ha habido una progresión en la facilidad de conseguir música pirata por internet (y muchas más cosas). Al principio, tenía uno que consultar en sitios piratas reconocidos tales como Astalavista, para encontrar música pirata; pero en muchos casos se trataba de sitios protegidos por clave, y en general, bastante efímeros. Pero con el Napster, todo el mundo pudo poner a disposición de toda la red un montón de canciones. El problema es que, al tener que conectar con un sitio central, se dependía de él, y de los pleitos que tuviera o no; aunque más adelante, una serie de sitios llamados OpenNap, empezaron a hacer más fácil el intercambio de música. De ello, por supuesto, se puede sacar una lección: es prácticamente imposible cerrar un sitio en internet; es como la Hidra, al cortarle una cabeza, le salen siete más.

Pero el pirateo se hizo mucho más fácil con Gnutella; en este caso, no hay un sitio central en el cual se registran todos los clientes/servidores en cada momento; sino que cada sitio Gnutella es consciente de otros cuantos sitios, pero ya está. Si cae un sitio, se puede conectar uno al siguiente, y siempre hay muchos servidores disponibles; el problema de encontrar el primer servidor está solucionado porque siempre se listan en la página principal de Gnutella. Además, no sólo hay ficheros MP3, también todo tipo de material más o menos legal, y gran cantidad de ficheros que probablemente contienen virus (los que llevan la extensión vbs). El único problema que tiene este esquema es que se puede saber quién se ha bajado un fichero en cada momento, si uno realmente se empeña.

Por eso, FreeNet va por el camino de la anonimidad; nunca nadie puede saber quién se ha bajado un fichero, o quién lo ha hecho disponible, porque cada nodo de la red sabe sólo qué ordenador próximo lo ha pedido y a dónde lo manda, pero nunca el origen ni el destino. Aunque por el momento no tiene tanto éxito como Gnutella, probablemente en el futuro sí lo tenga, sobre todo para ficheros que caigan todavía más por debajo del límite de la legalidad que los que hay disponibles en Gnutella.

Esos modernos piratas que no van con un parche en el ojo