Ovejas eléctricas

En 1969, Philip K. Dick publicó la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, en la cual, entre otras cosas, se describe un mundo en el que los animales domésticos han desaparecido por una plaga, y los seres humanos tienen como aspiración poseer animales artificiales. Los menos pudientes sólo pueden permitirse perros o gatos, mientras que los más ricos pueden tener hasta caballos. El protagonista, Deckard, aspira a tener una oveja. A lo mejor con mencionar a Deckard os habéis dado cuenta de que la película Blade Runner se basó en esta novela, que, aparte de lo que os cuento, es bastante aburrida.Y por supuesto, ya sabréis el resto: los replicantes, culmen de ese ecosistema artificial, son eliminados si se pasan de la raya.

Curiosamente, estamos viviendo ahora los primeros pasos de esa evolución. Primero fue el  tamagotchi un ser bastante estúpido que no hacía mas que morirse (por lo menos, el mío que no logré que durara más de 2 días y que acabé regalándoselo a un primo), pero al que había que cuidad, alimentar, curar, limpiarle los montones de caquita y todas esas cosas; y que sólo pitaba. Más adelante llegaron los  furbysque no sólo hablaban, sino que aprendían frases nuevas, hasta tal punto que los han prohibido en las oficinas de algunos edificios oficiales americanos; eran capaces de comunicarse entre sí por infrarrojos, y además eran pequeñitos y peludos.

Ahora, subimos un pequeño escalón para llegar a AIBO , un chucho artificial, que aparte de hacer todas las monadas que hace un perrito, no hace cacá ni pipí por las esquinas, no hay que desinfectarlo ni caparlo y no ataca a seres indefensos a no ser que uno quiera realmente: es programable, tiene su propio sistema operativo (que, afortunadamente, no es Windows). Pero cuesta una pasta, 2500$. Pero bajará de precio, seguro, sobre todo cuando empiecen a surgir clones fabricados en Singapur y en Villena, Alicante.

Habría que preguntar lo mismo que en otra Atalaya: ¿a dónde vamos a parar? ¿Se acabarán extinguiendo perros y gatos, que, relegados de las casas y por su propia inutilidad, morirán en la naturaleza? ¿Le dará a la gente igual que se extingan miles de especies todos los años, si, al fin y al cabo, van a crear un robot que haga lo mismo? ¿Sacará Casio un robot-cuñado que se beba nuestra cerveza, ocupe nuestro mejor sillón a la hora de la siesta, y nos lo explique sin que lo pidamos cuáles son las posibilidades del Albacete de ascender a primera?

La respuesta, en los anuncios de navidad del año 2002.

Torturando criaturas