quién vigila a los vigilantes

Esta frase, sacada del comic Watchmen, y mencionada por DefConDos en una de sus canciones, tiene hoy en día fácil respuesta: todo el mundo, prácticamente. Lo bueno de la tecnología es que no solamente permite a los gobiernos y corporaciones vigilar a la gente normal, sino también a la gente normal vigilar a los gobiernos y corporaciones, o vigilarse los unos a los otros.

Como mencionamos en una Atalaya anterior, el vigilar desde el cielo, desde el suelo o electrónicamente es cada vez más barato y más preciso. Pero también lo es ver por dónde van los satélites, por ejemplo. Nada más que meterse en la página Web de Heavens Above, y te enteras de qué satélites pasan por el cielo de Granada y a qué hora; de forma que, si no te apetece que la CIA sepa que tú bajas la basura, ni el tamaño de la bolsa, pues miras a qué hora pasa el satélite Lacrosse, y en vez de hacerlo a esa hora, lo haces más tarde.

¿Que no quieres tampoco que Echelon se zampe uno de tus correos electrónicos con chistes verdes, que le mandas periódicamente a todos tus compañeros de trabajo? Pues utilizas PGP, GnuPG, o cualquiera de otros sistemas de encriptación basados en clave pública y privada, distribuyes claves públicas a tus amiguetes (usando otro canal, por supuesto), y nada, a mandar mensajes encriptados con claves de 1024 bits sin que nadie se entere más que los que deben.

En realidad, como suele suceder con todos los demás aspectos de la tecnología, ésta no sólo provee los medios para disminuir la libertad y los derechos del ciudadano, sino también la posibilidad de aumentarla, usando tecnología para aumentar la propia intimidad, si uno elige hacerlo. De hecho, David Brin, un novelista de ciencia ficción, aboga por el uso masivo de técnicas de vigilancia, porque es el único modo de evitar abusos de los derechos humanos, y de que, al estar a la vista pública, los políticos tengan que comportarse también como exigen al ciudadano que se comporte. ¿Os imagináis poder poner una webcam, con sonido, en los pasillos o en la cafetería del Congreso? ¿O poder usar las imágenes un satélite que siguiera a políticos electos las 24 horas del día?

En fin, que todavía no ha llegado el momento de ir vestido de camuflaje urbano las 24 horas del día para que no te pillen los satélites, pero si decides hacerlo, seguro que habrá un medio tecnológico para que no sólo los satélites y otros medios de vigilancia no te conozcan, sino que te confundan con Rociíto.

Tema: Intimidad y la tecnología