El misterio del desconocido desaparecido

Por Spade

Échele un vistazo a esto. Luego hablamos

Así decía el escueto mensaje que me llegó un domingo, a las 3 de la mañana. No teniendo nada mejor que hacer a esa hora salvo beber licor de melón y lastimarme la muñeca derecha con el ratón, seguí el link que el mensaje me ofrecía, y la posibilidad de curre que se adivinaba.

Lo que vi se podría describir como la inmaculada pared de un servicio público recién inaugurado, decorada por un artista de graffiti estreñido y con un cuelgue de ácido. Tenía casi tanto color, y mucho más mensaje. El mensaje era "Liberad a Jano". El water, la página web de Megasoft. El artista, Los que traen el infierno, los HellRaisers, un grupo de hackers y crackers con los que ya me había cruzado un par de veces.

¿Jano había desaparecido? ¿El Howard Hughes del software gratuito? ¿Y Megasoft era culpable? El caso parecía interesante, la posibilidad de ganar alguna pasta parecía muy interesante, y el que, como parecía, me lo encargaran a mí, aún más interesante. ¿Pero quién me lo encargaba a mí?

Un poco de licor de melón después, y un poco de búsqueda por las redes de noticias, me confirmó la noticia. Jano había desaparecido. Si es que había aparecido alguna vez. Nadie lo conocía personalmente, ni por teléfono; sólo se mostraba en áreas de charla y por correo electrónico. Así, dirigía una coalición dispersa geográficamente y psicológicamente que creaba y distribuía Janix, el sistema operativo de control doméstico gratuito más popular, casi tanto como su equivalente de pago HomeOS, hecho por Megasoft. Y ahí entraba el segundo protagonista del mensaje.

Un buen día, al parecer el martes pasado, Jano dejó de contestar a sus correos electrónicos. No apareció en varias citas en áreas de charla que tenía concertadas. Un par de días más, tarde, los correos que se le enviaban, llegaban rebotados con el mensaje "Servidor o usuario desconocido". O sea, que había desaparecido. Más que antes, al menos.

Mi ordenador dio un pequeño salto para indicar que me había llegado otro mensaje. Todos los ordenadores cantan, pero el mío salta. En la profesión hay que guardar una imagen, y además es bastante fácil programar la tostadora en Janix para que salte cuando llega un mensaje, y poner el ordenador encima. Ya me había cargado dos, pero bueno, son baratos y los meto en la cuenta de gastos de los clientes. Cuando los hay. Ahora parecía que lo había y me mandaba un mensaje.

Era una petición para que habláramos en un área de charla privada.

Vagabundo ¿Ha visto?

Sabueso Haría falta estar dormido para no darse cuenta. O muerto. Que es como yo debería estar. Dormido, no muerto. ¿Y usted?

Vagabundo No puedo permitirme ni lo uno ni lo otro. Sí puedo permitirme mantener a alguien despierto, especialmente si es un sabueso de poca monta como ustd.

Sabueso Este alguien de poca monta cobra 100 euros al día, más gastos. Y están empezando a contar ahora.

Había activado el cronómetro de mi pulsera desde el ordenador. Lo del reloj era complicado, más que lo de la tostadora, porque la tostadora y el ordenador y Janix se entendían a través de las líneas eléctricas de la casa, pero lo del reloj era joío. En realidad, todavía no sé como funciona: simplemente me traje un programa de la red, y lo uso.

Vagabundo Hagamos entonces que merezca la pena el gasto. Quiero que encuentre a Jano.

Sabueso Podría hacerlo. También podría no hacerlo. Normalmente, el tener que comer todos los días es sólo una de las razones que me conduce a investigar un caso. La segunda es confiar en el cliente. La tercera es saber que no me voy a meter en líos. Si no tengo cuidado con las dos segundas, puede que no me tenga que preocupar de las dos primeras. Nunca más. ¿Me entiende? ;-)

Vagabundo Oiga, encontrar a un secuestrado es legal. La policía lo hace a veces.

Sabueso Usted dice que ha sido secuestrado. Primera noticia que tengo. ¿Qué más sabe que yo no sepa?

Vagabundo ¿Quiere eso decir que acepta el caso?

Sabueso Quiere decir que antes de involucrarme en un caso quiero saber donde me meto. ¿Además, qué interés tiene usted en que se le encuentre?

Vagabundo Digamos que no confío en las fuerzas del orden tradicionales. Digamos además, que quizás quiera saber yo dónde se encuentra antes de que lo sepa otra gente. Y digamos también que tengo mucha pasta y no sé como gastármela.

Mientras hacía inventario mental de lo que podría irle metiendo en la cuenta de gastos, varios órganos de mi cuerpo, incluyendo algunas neuronas aisladas de mi cerebro, clamaban por que aceptara el caso.

Sabueso Digamos, entonces, que acepto el caso. Por el momento.

Vagabundo Le dejaré entonces toda la información que tengo sobre el tema. Ya la encontrará.

Fui al frigorífico a por otra botella de licor de melón, pero se me habían acabado. Mientras bajaba al 24 horas, reflexioné sobre lo que acababa de hacer. El aceptar el caso, no el beber licor de melón. Hacía siblos que había dejado de reflexionar sobre eso. Llegué a la conclusión de que lo estaba haciendo por el cochino dinero, es decir, aceptar el caso de alguien desconocido, y eso iba contra mi ética. Aunque iba a favor de poder seguir bebiendo licor de melón, pagándome el alquiler de mi cuarto, y los tiempos de conexión a Internet. Perdió la ética. La ética está bien, pero cuando uno tiene el estómago lleno y puede mantener sin problemas el nivel de alcohol en sangre.

La mañana siguiente me despertó con el estruendo de los pájaros al amanecer. A veces odio el mundo real. Es tan... ruidoso. Y no se puede desconectar, ni bajar el volumen.

Me enfrenté al lunes con una taza de café corregida con un poco de licor de melón y enfrente de la pantalla del ordenador. Megasoft había restaurado su página principal, y estaba buscando a los culpables para ponerles un pleito, en el cual probablemente solicitarían la esclavitud de la familia completa hasta la segunda generación, fueran ascendientes o descendientes. Las acciones de Megasoft habían bajado, su presidente y vicepresidenta eran ahora unos cuantos cientos de millones de dólares más pobres. Se había comenzado una petición en Internet por la libertad de Jano.

Pero nadie había reivindicado el secuestro. Todo el mundo parecía suponer que lo habían secuestrado, inclusive mi cliente. Yo no podía tomar el secuestro como hipótesis de trabajo. En realidad, no podía tomar nada como hipótesis de trabajo. Me senté al ordenador, y abrí en pantalla mi Esquematizador2008 para Janix, algo imprescindible en el trabajo detectivesco. Lo usaba para saber dónde estaba, y dónde quería ir.

Pensé que la primera y última pregunta serían buenos puntos de partida. Y pensé también que LQTEI tendrían información sobre el tema, si es que alguien la tenía. Lo cual probablemente me costaría una pasta. La información tiene que ser libre y gratuita, dicen los hackers, pero estos hackers dicen también que el conocimiento cuesta una pasta; que me lo digan a mí, que también cobro por eso, aunque un poco más que ellos, porque para eso estoy un par de eslabones más arriba en la cadena alimentaria informacional. Los investigadores privados somos los tiranosaurios de la fauna jurásica informacional del siglo XXI. Eso no hay quien se lo crea, pero queda bien como slogan para una página Web. Que, por cierto, todavía no tengo. Lo que, por cierto, añade una pregunta más a alguno de los dos cuadros. ¿Cómo diablos se había enterado el menda de quién era yo, y de mi negocio? Probablemente de algún otro cliente satisfecho.

Evidentemente, era imposible encontrarse con LQTEI cara a cara (F2F). Pocos sabían quienes eran, y de dónde eran. A mí me importaba poco. La aldea global, y todo eso, ya saben. Desde mi cacho de la aldea global, al lado del Mediterráneo, podía hablar con cualquiera en cualquier otro cacho. De hecho, me pasaba horas hablando con todo el que se ponía a mi alcance. Pero lo estaba dejando. El intentar ponerme en contacto con LQTEI no me ayudaba; para ello tenía que tirarse uno horas, e incluso días, enganchado a las sala de charla que ellos frecuentaban, decir unas cuantas frases absurdas, y esperar que sus olfateadores de palabras clave las cogieran a tiempo y se quisieran poner en contacto contigo.

Las horas se hacían más llevaderas con la pantalla que me había mercado con el último curre que me había salido, pillar a un menda que se estaba haciendo con las claves de los ordenadores de Siemens. También con el licor de melón. Además, de vez en cuando se abría una pantalla a uno de los lados que me indicaba las últimas noticias sobre Jano, Megasoft, Janix. Que eran básicamente repetición de las penúltimas. En el frente Janix, había aparecido un menda que había escrito adaptadores para que Janix funcionara también en vehículos eléctricos. Me traía sin cuidado. No tenía coche. No cabía en mi apartamento de una sola habitación, y menos después de meter la pantalla. Tampoco sabía conducir. Bueno, intuía como se hacía, porque tenía algunos miles de horas de simuladores de conducción. Pero no sabía. En el mundo real, las cosas suelen ser más difíciles. Al menos eso he oido.

Pero no fue tan difícil contactar con LQTEI. Una vez que su ordenador y el mío se pusieron de acuerdo sobre el precio por byte, comenzamos a hablar en una sala de charla que ellos me indicaron.

LQTEI ¿Ke kieres?

Sabueso Jano. Megasoft. ¿Qué sabéis?

LQTEI ¿Ke kieres saber?

No iban a soltar prenda. Iban a hacerme sudar cada byte que me entregaran.

Sabueso Razones. Sitios. Gente.

LQTEI Los HDP de ms lo hicier0n.

Sabueso ¿Qué hicieron, y porqué?

LQTEI Mandar Jan0 al infiern0. Era molest0. Les jod1a. Les hac1a ganar menos $.

Sabueso Sois muy caros para decirme lo que ya sé. Vuestra siguiente línea será la última, si no me decís algo mejor.

LQTEI Somos karos. Somos good. Ms es una p*ta m1erda. Nosotros entramos en sus ordenadores. Los hicimos nuestros. Nosotros lo hicimos. Te dir1amos 1 kosa sobre kien te paga esta conversación. Pero nos lo tendras ke pagar con algo + ke $.

Sí, eran buenos. No me habían dicho nada hasta el momento, pero eran buenos. En ese momento, mi ordenador pegó un salto. Mensaje. No lo acepté. No sabía qué más estaban escuchando los mendas del infierno en ese momento, aparte de la conversación. Que, por cierto, no me estaba llevando a ningún lado. Una ventana apareció en la parte izquierda de la pantalla. Tantos mensajes por leer me estaban poniendo nervioso. No puedo pasarme mucho rato sin leer mensajes. También estoy dejando esto.

Sabueso Os pagaré cuando me digáis algo que no sepa.

LQTEI Pregunta a M1randa. Pregunta ke guarda en su kasa. Pregunta a Chuck. Pregunta a Dai. Y pregúntale a kien te paga, sabues0. Agur.

El indicador de crédito de la pantalla indicó que mi cuenta había disminuido en 2327 euros. Eran caros. Supongo que buenos. Y supongo que hacían bueno aquello de que es más listo el que hace las preguntas que el que las responde. Y yo me preguntaba quién me estaba pagando, desde hace bastante rato. Qué guardaba Miranda, la vicepresidenta de Productos Avanzados de Megasoft, en su casa (y en cualquier otro sitio, para el caso). Y qué sabía Chuck Doors, el presidente. Y Dai, el jefe de seguridad. Bueno, eso era algo. Megasoft, si no lo había secuestrado, al menos parecía saber dónde se encontraba.

Eso no era nada. Era una mierda. Como mi habitación. No podía dar un paso sin pegarle una patada a una botella vacía, o un plástico, o papeles que se suponía que tenía que clasificar para reciclar. Así que decidí dar un paseo. Pero no siempre hago caso a mis decisiones, así que decidí inspirarme un poco en Inca, el juego. Además, el tiempo de conexión se lo iba a pasar al cliente. Cuenta de gastos.

Estás en la puerta de una pirámide. Llevas una llave, un cuchillo, y un láser.

ENTRAR

Inca se desarrollaba en un mundo futuro donde los inca habían llegado a Europa, y la habían conquistado, y obligado a todo el mundo a escuchar a Atahualpa Yupanqui. O en el pasado. En realidad daba igual, era como todos los demás, solo que todo el mundo iba vestido con plumas y tenía las narices grandes.

Está oscuro.

Estaba todo negro. A veces, las explicaciones eran de Perogrullo. Disparé el láser. Algo iluminó. Vi, o crei que vi, una mujer, totalmente negra, de ébano, con un tanga formado por tres triángulos, blancos. Sus dientes, y la pequeña calavera que llevaba en un pequeño collar, en la frente, brillaban.

Ves una mujer. Totalmente negra.

Vale, joder. Con lo que cuesta... Le disparé, claro. De eso iba el juego. Dispara antes de que te disparen. Como en la vida real. Eso he oido, al menos.

No contaré que se rió, y rió, y se puso las manos en las caderas y eso, porque os puede sonar a mal tebeo de superhéroes. Lo que me dijo, quizás también.

"No te metas en nuestros asuntos y nosotros no nos meteremos en los tuyos"

El ordenador me echó del juego. Una mujer peligrosa. O un hombre. O quizás un can. En la Internet, nadie sabe que eres un perro. Pero todo el mundo parecía conocer a este sabueso.

Me tumbé en la cama. Ni siquiera me molesté en echar el licor en el vaso, bebí directamente de la botella, sorbo a sorbo. El ordenador saltó de encima de la tostadora. Más noticias de Megasoft: Chuck Doors había dimitido. En la rueda de prensa había dicho que los últimos tiempos le habían producido un ataque de ansiedad, que su familia lo necesitaba (era soltero, se referiría a su perro Chuckie), y que se responsabilizaba de la caida de las acciones de la empresa. Todo, menos lo que algunos esperábamos. No sé, el tío tenía "culpable" escrito en todas las partes visibles de su cuerpo. En el video que acompañaba al mensaje, Miranda sonreía a su lado. Dai se estaría ocupando de algún asunto de seguridad, porque no estaba en ningún sitio. Miranda Richardson, la vicepresidente, era ahora presidente, y anunció inmediatamente una nueva versión de HomeOS, HomeOS 2008. Sonrió un poco más, mientras la cámara enfocaba su cara, y Chuck, desenfocado, desaparecía confundiéndose con el fondo.

Me asomé un poco a la ventana. No se sabía si era de día o de noche. Llovía. Llovía mucho últimamente. Efecto invernadero, decían. Salí a la calle, a darme un paseo y pensar un poco. Los detectives somos algo más que sabuesos. Somos sabuesos que piensan. Aunque quizás eso sea en realidad algo menos que sabuesos. Quizás hay simplemente que seguir el olfato, y dejar de pensar.

Mi olfato me decía que, por lo pronto, mucha gente sabía lo que yo estaba haciendo. Al menos LQTEI y el avatar femenino del juego Inca. Y, por supuesto, quien me había contratado. El problema, es que en este mundo virtual, no podías estar seguro ni siquiera de que no se trataran de la misma persona.

Incluso con todas las dudas, tenía que ganarme el sueldo. No me llamaban Sabueso por nada. Instalé olfateadores en todas las rutas que se dirigían a mi ordenador, en todas las rutas que se dirigían a Megasoft, y tres o cuatro más en diversas encrucijadas de Internet. Los olfateadores vigilan el tráfico en la red, y me avisan de cualquier cosa que yo les programe. Palabras clave. Sitios de origen y destino. Quién está conectado. A veces, sus claves. Cualquiera podía usar olfateadores , eran gratuitos, como casi todo el software hoy en día, pero yo me había ganado al autor, un muchachote moldavo, Ilie, a base de probar todas las versiones que aparecían. Incluso había incluido modificaciones que yo necesitaba. Después de todo, ¿qué es un sabueso si no olfatea?

Con los olfateadores instalados, y los seguidores de noticias, me senté a beber licor de melón, con un poco de música de fondo. Traté de emborracharme. Emborracharse con licor de melón es casi tan difícil como hacerlo con cerveza americana. Pero yo tenía experiencia, y no me costó tanto trabajo.

Mi instinto, o quizás el dolor de cabeza, me despertó unas horas, o quizás días, más tarde. Creo que era jueves. O quizás viernes. El ordenador había caído de su pedestal, el tostador, o sea que había un mensaje. O varios. Me arrastré fuera de la cama hacia la esquina donde estaba el lavabo y la taza del wáter, a hacer lo que el cuerpo me pedía y tratar de despegar con agua la lengua del paladar. Pero no llegué, y no porque la ropa que había tirada por el suelo me lo impidiera, era porque había un tío delante.

Habitualmente, no hay tíos en mi habitación. Habitualmente, tampoco entran sin que me entere. Pero si sucede esto, es casi forzoso chocar con ellos. No hay sitio para mucho más en mi cuarto. Por eso me sorprendí, más por lo segundo y lo primero que por lo tercero. Aunque dado lo que me había sucedido últimamente, tampoco me extrañaba mucho.

Era Dai Korsakoff. Jefe de seguridad de Megasoft. Antiguo Spetsnaz en la Unión Soviética. Sargento chusquero en Chechenia. Operaciones encubiertas en Kosovo. Y eso era sólo lo que aparecía en su página Web. Ya sabía porqué no estaba en la conferencia de prensa.

No me impresionaba. Me cargo tíos de estos todos los días. En Inca, aparecen en el primer nivel. Aunque creo que en el mundo real las cosas son diferentes, y además, no tengo mi sierra mecánica ni mi láser a mano.

"Si no se aparta, me mearé encima de usted" Le dije.

"Si usted no se aparta del caso, no tendrá con qué mear". Duro, el menda, como pensé. Además, lo parecía. Pelo rubio, casi blanco, largo. Pendiente en la oreja y en la aleta derecha de la nariz. Gafas oscuras, que de alguna forma, no ocultaban sus ojos grises, de color acero. Nariz afilada. Barbilla afilada. Preferí no pensar qué mas lleva afilado encima. Sus hombros casi ocultaban la pared de mi cuarto en la que estaba la pantalla. Sin embargo, ¿para qué venía personalmente? Podía haber mandado el ejército de alguno de los países que pertenecían a Megasoft, Guatemala, por ejemplo.

"¿Estoy en un caso? Quizás me quiera explicar usted cuál" Por supuesto, no necesitó decirme quién era ni de dónde venía, aunque era la primera vez que me lo encontraba.

"Lo sabes muy bien. Tienes que encontrar a alguien. A nosotros nos interesa que siga desaparecido".

"Tú eres un currante. Yo también. Tú haces lo que te manda quien te paga. Yo también. Fin de la historia".

"Por lo que veo, no parece que te paguen mucho"

"Me gusta vivir así. Además, tengo pocas necesidades. Además, por lo menos sé quién me paga. Creo que tú no puedes decir lo mismo"

"Bueno Chuck ha dimitido. ¿Y qué?" Dijo Dai, encogiéndose de hombros, lo cual aumentó visiblemente el espacio libre en la habitación.

"Y mucho. Por lo que he oído, Chuck te contrató. Chuck se ha ido. O lo han echado." Era una suposición, pero lo dejé caer a ver qué pasaba.

"Megasoft me contrató. Megasoft tiene ahora una jefe diferente. Y Megasoft quiere que te quites de en medio. Igual que ha querido que Chuck se quite de en medio. O si no..." O sea, que Megasoft ha quitado a Chuck de en medio por alguna razón. Justo después de la desaparición de Jano. ¿Casualidad? Causalidad, más bien.

"O si no, me compraréis como habéis hecho con todo el mundo hasta ahora, ¿no? Y si eso no funciona, me haréis desaparecer como a Jano, ¿no?"

"Las dos alternativas que mencionas son sólo dos de las posibles. Y no necesariamente las más agradables. O desagradables. En fin, lo dicho. Bye." Dai cruzó a duras penas la puerta, intentando no marcar el paso. Yo pude ir por fin al cuarto de baño.

Los mensajes me seguían esperando en el ordenador. Rápidamente, tosté un CD con todo lo que tenía hasta ahora del caso, y lo que los olfateadores habían agarrado esta noche. El mensaje, resultado de rastrear las noticias, decía que Chuck había desaparecido. A los informes de los olfateadores les empecé a echar un vistazo, mientras saboreaba un vaso de leche y pedía por el ordenador un poco de comida indonesia para que me la trajeran a casa. Me gusta la comida indonesia. Es la que menos huele cuando se pudre. Por las especias, creo.

Los olfateadores me decían que, al menos, estaban lanzando ataques a mi ordenador para espiarlo desde cuatro fuentes. Una de ellas era desde ordenadores de Megasoft. Vale. Otra LQTEI. No es que fuera fácil identificarlas, al menos si ellos no querían. Tomaría esto como una muestra de buena voluntad. También me lo esperaba. Tuve que indagar un poco la cuarta, pero al final descubrí que al parecer correspondía a la casa de Miranda. Esta sí era buena. Y quizás explicaba mi encontronazo con la sacerdotisa de Quetzacoatl (o de quien fuera) en el juego Inca. La cuarta era más difícil de identificar. No provenía de un sitio de internet, sino de muchos sitios diferentes. E incluso cada uno de los sitios, parecía estar geográficamente en muchos lugares diferentes. A la vez. Un ataque desde un sitio internet en movimiento. Tratando de espiarme. Y como no me quedaban sospechosos, le asigné esto a mi contratador. De todas las hipótesis, escoge la más simple. El problema es que esto no era nada simple. Un miembro senior de LQTEI echaría unas buenas horas haciéndolo. Lo cual me decía también que mi contratador, si es que lo era, era un guru, quizás uno entre mil millones. Y eso, a su vez, me decía algo. Pero no tenía muy claro qué. Supuse que tendría que dormir sobre el tema para llegar algo. Pero antes tenía algo pendiente en casa de Miranda.

Habitualmente, los sistemas operativos caseros como Janix o HomeOS 2008 son bastante difíciles de penetrar. Janix es casi imposible. Miles de programadores en todo el mundo han intentado atacarlo, lo han conseguido, e inmediatamente han reparado el daño y producido una versión nueva, que todo el mundo ha instalado. Digamos que HomeOS también hace lo mismo, pero los tiempos son un orden de magnitud más lentos. Diez mil mentes en Megasoft piensan y ven mucho menos que mil millones de mentes usando Janix en sus propias casas. Miranda, por supuesto, había instalado Janix en su casa. Desde su ordenador controlaba todo, desde la cisterna del inodoro hasta el cepillo de dientes eléctrico. Cada uno de ellos, a su vez, podía o no estar conectado a la red global, y a su vez, tenían que identificarse y autentificarse el uno con el otro y con el ordenador central. Casa con muchas puertas mala es de guardar, dice un viejo proverbio castellano. Con suficiente paciencia, probando las puertas una por una, acabas encontrando una a la que no le han echado la cerradura. En este caso, fue un vibrador. Debía de haber empezado por ahí. Claro, nuestra amiga Miranda, en sus noches solitarias de ejecutiva, conectaba su vibrador al ordenador, y chingaba a distancia a través de Internet con alguien. O con algo. Me daba igual. Desde el vibrador (modelo Viagra 3000 Turbo con todas las opciones, según revelaba el firmware) me metí en su ordenador personal. Todos sus ficheros estaban ahí. Los 10 terabytes de datos. Enteritos. Miranda estaba psicológicamente más desnuda ante mí que la célebre sacerdotisa. Sacerdotisa cuyo perfil, por supuesto, no tardé en encontrar en el disco duro. Porque sabía que buscar. El resto era un poco complicado.

Encontrar algo, sin saber muy bien qué, entre miles de miles (vamos, millones) de kilobytes de información no es tarea fácil, y más si, como en este caso, los datos están encriptados. Empecé por desencriptarlos. Puse un anuncio en un grupo de discusión, pidiendo CPUs para un proyecto particular. La gente te las deja, así. Yo también lo hago. Después de todo, no se usa toda la capacidad del ordenador todo el tiempo. La mayor parte de la gente, al menos. Por eso, a finales del siglo XX se hizo popular pedir ordenadores, conectados a la Internet, para romper códigos. Hoy en día se hacía rutinariamente. En ciertos círculos. Pronto tuve 4500 ordenadores en tres continentes y un par de estaciones orbitales. Rompimos el código en dos horas. Ahora tenía millones de kilobytes desencriptados. Tuve que pasarlos por un programa de inteligencia computacional (un agente inteligente que había tardado años en entrenar), y sacó un par de cosas. Era un buen programa. Un buen programa hubiera sacado varios miles, y tendría que habérselos pasado a un buen programa para que las redujera.

Pero lo que sacó era oro puro. Correspondencia electrónica entre Miranda y Chuck. Correspondencia entre Miranda y Jano. Correspondencia dirigida a jano@janix.org pero que comenzaba diciendo "Hola, Chuck". Mensajes para chuckd@megasoft.com pero que le hablaban a Jano. Hasta el agente inteligente, que era un programa bastante estúpido, después de todo, hubiera averiguado que Jano era Chuck. Que Chuck había trabajado solo o en compañía de otros para hacerle competencia a su propia compañía. Miranda y Dai lo habían descubierto; después de todo, los dos espiaban a toda la compañía. Y le habían chantajeado: no solamente tenía que abandonar la compañía, sino dejar de ser Jano y no revelar nunca que lo había sido. Si alguna vez lo hacía, lo hundirían en la miseria y lo matarían, no necesariamente por ese orden.

Eso quería decir, también, que había encontrado lo que mi cliente me había solicitado. Mi cliente itinerante, que me estaba espiando. Simplemente contacté con él mando un mensaje a todas las direcciones internet que había usado para espiarme. Esperaba que apreciara que, después de todo, había contratado al mejor. Solicité a su ordenador una charla personal con él, y aceptó.

Vagabundo Ha tardado un par de días más de lo que esperaba, pero, en todo caso, gracias.

Sabueso No las merecen. Es mi trabajo. Se suponen que me pagan por ello.

El contador de euros de mi ordenador aumentó inmediatamente en unos cuantos miles. Tampoco esperaba menos de él. No solamente sabía captar sutiles indirectas, sino que además era rápido y eficiente.

Vagabundo Espero que permanezca callado al respecto de todo esto. Y a la vez, que hable mucho.

Sabueso No se preocupe. La CNN y Wired sabrán inmediatamente quién es usted, de fuentes anónimas y generalmente bien informadas. Aunque, a esta altura, supongo que será inútil revelarlo, ¿no?

Vagabundo Sí. En este momento, lo mejor es que las dos caras de Jano desaparezcan. Ahora mismo conduzco mi caravana Winnebago camino de Guatemala. Cuando Megasoft la compró, me reservé un buen trozo para mí personalmente. Será un buen sitio para empezar una nueva vida, esta vez como Vagabundo.

Sabueso El mismo que está publicando programas para controlar coches usando Janix, ¿no?

Vagabundo Sí, bueno, es un reto, ¿sabe? Diseñar un sistema operativo para una casa está bien, pero los cables eléctricos ya están ahí y además las casas están quietas. Un coche es más un reto. Hay muchos chismes que controlar, no se puede usar teclado, y además está en movimiento. En ello estoy.

Así termina la historia, supongo. Unos meses más tarde, un programador guatemalteco, Zoilo Puertas comenzó a difundir un sistema operativo gratuito para controlar vehículos. Esa misma tarde, yo decidí salir a celebrarlo, a pulirme unos cuantos cientos de euros de los que me acababa de ganar. Salí a la calle. Era julio. El sol, ya bajo, me hizo parpadear unas cuantas veces. Volví a mi cuarto. Estuve jugando a Inca varias horas seguidas.