Necesitaba un cigarro

Necesitaba un cigarro. No puedo estudiar sin el cigarro en la mano izquierda, así que salí a la calle. Un viajecito a la esquina, respirar un poco el aire, un paquete de Ducados, el cafelito recién hecho, un poquito de Tequila y Rodríguez en el CD, y ya puedo empaparme de seguridad informática toda la santa noche.

Bueno, lo tenía todo planeado. Ya me había estudiado los cortafuegos, el primer tema, me quedaban 10 o 12 más, pero para las nueve de la mañana, la hora del examen, lo tendría ya terminado. Estaba tirado. Además, los apuntes que me había fotocopiado esa mañana eran buenos, los del empollón de la clase. Joder, hasta había ido a tres o cuatro clases, sabía de qué iba el tema, y el profesor me conocía el careto.

Pero antes, el tabaco.

-Rudy, voy a por tabaco - le dije a mi compañero de piso. Se llama Rodolfo.

-¡Vale!. Oye, tráeme a mí también - y una mierda, pensé, que el tío luego no me lo pagaba. El tío este es más gorrón, joder, no me he podido fumar ni un puñetero paquete entero, y cuando pide algo, luego te racanea cinco duros. Y nunca tenemos claro a donde van a parar los fondos que desaparecen de la caja común, aunque siempre aparecen luego yogures en su balda del frigorífico.

O sea, que fui a por tabaco. Y por el camino me encontré al Andrés, un colega del pueblo. Joder, y que cómo te va, pues nada, aquí con un examen, y un marchón en la calle que no veas, pleno junio, y toda la peña subiendo para la feria, unos pedazo de tías, y nada, pinpán, pinpán, que nos tomamos unas cañas, un bocata, y acabo en mi casa a las diez y media. Bueno, tenía tiempo todavía. Con unos apuntes buenos, y el cafelito, y la cocacola cuando el cuerpo falle, un cigarrito al aire libre, y la seguridad informática es mía.

Y me salta el Rudy:

-Oye, tío, ha venido un colega a buscarte, el Curro ese.

-¿Y qué quería?

-Nosequé de unos apuntes de informática - no van a ser de odontología, cojones, que Informática es lo que estudio - Te ha estado esperando un rato, y luego se ha largado.

-Vale - no se acordó de su tabaco. Ni yo tampoco. En un rato, vendría a pedirme.

Y me fui para mi habitación. Que está habitualmente desordenada, con cosas por el suelo, la cama sin hacer, pelusas mutantes luchando por el control de las aristas convexas, y muchos papeles encima de la mesa. Pero, joder, faltaban unos papeles. Los papeles. ¡Los apuntes de SI! Se los había llevado el jodío Curro. Y el examen manaña. Y las fotocopiadoras cerradas. Y al empollón, échale un galgo. Ni siquiera se donde vive. Ni nadie más de la clase, además son todos unos empollones de mierda, no tanto como el de los apuntes, el Federico, pero casi. Al único que conocía, al Curro, y me guinda los apuntes.

-Cagonlaputa, Rudy, para qué le dejas a nadie que coja nada de mi habitación, tío, los apuntes del examen de mañana.

-Y a mí que me cuentas, tío, yo que sé, tienes tantos papeles, además el Curro ese es tu colega, ¿no? Yo que sé, búscalo- sí, buscarlo. Para empezar, no sabía donde vivía, trabajaba en un bar, pero la única vez que estuve allí estaba borracho y apenas me acuerdo...

-¿Hace mucho que se ha ido?

-Ya no lo pillas - encima recochineo- ¿Oye, no tienes tabaco?

-Una hostia te voy a dar, tonto la polla

-Coño, no te pongas así, tío, joder, ve a por él, me ha dicho que iba al bar o no sé qué.

Si. Al bar. ¿A qué bar?

Tampoco era tan difícil. Era Pedro Antonio, eso lo recuerdo. Hay unos 100 bares en Pedro Antonio. Un algoritmo de búsqueda secuencial, empezando en la plaza Albert Einstein y terminando en Recogidas, te garantiza que lo vas a encontrar. Sería mejor ponerlos en árbol, o hacerles un podado alfa-beta, pero los bares no se prestan mucho a eso. Ni Curro. Bueno, todo eso si Curro no se mueve.

Un par de cigarros más tarde estaba en Pedro Antonio. Sólo era jueves. No se podía andar sin tropezar. Primero, porque había mucha gente. Segundo, porque se me iba la vista y no miraba donde pisaba. Gente celebrando sus exámenes. Gente celebrando la feria. Gente celebrando sus últimas clases. Gente celebrando. Una persona en un bar. Cuando hice el algoritmo no pensaba que me iba a costar tanto trabajo entrar a los bares. Ni salir.

Eran las once y media cuando di con el bar. Me sonaba la cara del camarero, los bancos de madera, el olor a vino de la costa. Además, sonaba "Like a rolling stone", como aquella vez.

-Oye, ¿aquí no trabaja un tal Curro? - le dije a gritos al camarero, que añadía un cuartillo de whisky nacional a un cubo de cerveza.

-Si - me gritó.

-¿No está por aquí?

-No, vino, pero se largó, porque no había mucho negocio, y tenía que hacer un recao. Joder, y en un momento vino toa la peña...

-¿Pero vendrá luego?

-¿Y yo qué sé? Lo dudo, aunque si lo ves, dile que venga a echar un ratillo, que no vendría mal.

-¿Y no se ha dejado aquí algo? ¿O sabe donde anda? ¿O donde vive?- algo como unos apuntes de seguridad informática, por ejemplo.

-Si, el Espasa, no te jode... - me largué, viendo que no estaba el horno para bollos.

 Vi a mis apuntes alejarse de mí, línea a línea, gráfico a gráfico, transparencia a transparencia, hoja a hoja. Otra para septiembre. Y eso que no era de las que me había dejado.

Así que me dije, perdidos, al río. Me voy a la biblioteca, a ver qué pillo, y si no pillo unos apuntes, igual ligo, porque me habían dicho que en las bibliotecas por la noche había un ambientazo que te cagas. Pero antes me tomé una caña. Perdidos al río, sí, pero de cerveza...

 Cuando iba para la biblioteca, me encontré a David. Coleta. Camiseta sin mangas. Un pendiente en la oreja derecha. Y dos chavalas. Dos chavalas. Lo miré, le dije hola. El me miró, me dijo hola, las miró a ellas. Ellas no me miraron, pero yo las miré a ellas. Los pechos de ellas, debajo de sus tops, me miraron. Yo lo miré a él. El sonrió. Y el tío, encima, aprueba.

-¿Y el examen, qué? - le dije.

-Controlao. Sin problemas.

-Entonces, no necesitarás los apuntes, ¿no?

-Eres un cachondo, tú. Bueno, nos vemos.

-Sí - le dije - Oye, no habrás visto a Curro, ¿eh?.

-Sí, en el Caribe... - se despidió riéndose y echándole un brazo por encima a los hombros no muy cubiertos de la chica que le pillaba más a mano.

 Pues el tío me deprimió. Me quitó las ganas hasta de ir a la biblioteca. Me tomé otra cerveza, en el bar que me pilló más a mano. Sonaba "Ultramemia", de Def Con Dos. No sé por qué, me lo tomé como algo personal. Así que me fui a desahogarme al cibercafé, a echarme un Doom, y cargarme cuantos demonios a gusto. Además, a estas horas, no están los empollones que te machacan nada más entrar al juego.

 Las doce de la noche es una buena hora para matar demonios. Y otros jugadores del Doom, claro está. El enemigo está dormido. Tus sentidos, despiertos. Tu instinto asesino, a flor de piel. Después de suspender irremisiblemente un examen, 8 horas antes de hacerlo.

 En el cibercafé, envuelto en una nube de humo, encontré los ordenadores donde se jugaba al Doom. Y en el centro de una nube de humo aún más densa, vi una cabellera larga, con otra melena un poco más corta al lado. Al acercarme un poco más, distinguí claramente el acné enmarcado por la cabellera. Y las gafas enmarcadas por la otra melena. Y la cara debajo de las gafas. ¡Curro!

-Di tus últimas palabras, porque te voy a matar, gilipoyas - le dije, sin mentir lo más mínimo.

-¡Gustavo! - dijo al notar el canto de mi derecha a escasos centímetros de su cuello, lo cual le llamó la atención mucho más que mi frase anterior - gracias por los apuntes, tío. Te los iba a llevar ahora, porque ya no los necesito.

-Hombre, muchas gracias y de nada... toda la puta noche buscándote.

-¿Y eso? ¿No leíste la nota que te dejé encima de tu mesa?.

-¿Nota?¿Mesa?¿Mi? - una nota en mi mesa tiene tantas probabilidades de ser encontrada como el resto de las cosas que hay encima de mi mesa. Como a Curro en Pedro Antonio, más o menos.

-To the parrot, tío, que esto ya casi está - dijo el otro de la cabellera, Pepe, que también estaba en mi clase. Curro se concentró también en la pantalla, dejando de prestarme atención en absoluto. A mí.

-Joder, Pepe, que me van a follar el examen por culpa de este gilipoyas - les dije.

-Coño, Curro, no te pases, además, para qué coño vas a estudiar, si te vamos a pasar el examen.

-¿Examen?¿Pasar?¿A Mi? - la salvación ante mis ojos. Una salvación no concreta, pero salvación, al fin y al cabo

-Sí, mira, nos estamos metiendo en el ordenador del profesor de SI, para chorizarle el examen - dijo Pepe - ya casi estamos - No pude evitar mirar el ordenador. Allí, efectivamente, en una ventana, aparecía en alguna línea el nombre del ordenador del profesor, Kerberos; en otra ventana de la pantalla, una página Web con los contenidos de la asignatura, en otra, muchas líneas con mucho "telnet", "password", "userrname" y cosas por el estilo. No lo entendí. Creo que todavía no había llegado a ese tema.

 Otro cigarro, otra cerveza, miré. Y miré. Y me desperté cuando oí la impresora. En la esquina inferior derecha de la pantalla, unos dígitos marcaban las 7 y 10 de la mañana. Curro me pasó dos hojas impresas, con la tinta todavía húmeda.

-Ahí lo tienes, tío. Te has quedado sopa, ¿eh?. Hala, nos vemos en el examen.

 A las nueve menos diez estaba en la puerta de la Escuela. Duchado, con un par de cafés encima, y con las respuestas memorizadas. El joío profesor, se le había ocurrido preguntar el IDEA, del cual no tenía ni puta ídem. Antes. En la puerta me encontré a la delegada

-¿Qué, se te han olvidado los bolígrafos o algo? - le dije. Parecía muy tranquila.

-No, vengo de dejar la relación de exámenes anteriores de SI, para que le echéis un ojillo.

-De puta madre, pero será para el final, ¿no?.

-No, para el parcial del jueves que viene.

-¿De SI?.

-No, de no. Gustavo, tienes mala cara, ¿has pasado mala noche?

-¿Pero no era hoy, jueves, dieciseis?.

-Hoy es jueves, nueve. Gustavo, noc, noc, ¿hay alguien ahí? - creo que no...

 Fui a coger los exámenes de otros años de la fotocopiadora. Uno de ellos me sonaba. Era el que tenía en mis manos.

En ese momento, sentí que necesitaba un cigarro. Y dormir.

 

J J Merelo

jmerelo@kal-el.ugr.es

Granada

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